Chicago llegó hoy a 11 grados. Se sintió como una Lima de mediados de setiembre, cuando los rayos de sol se escapan un ratito entre las copas de los árboles y la ciudad deja de ser de blanco y negro. Y el corazón (de los arequipenos ) se alegra por un cielo que casi logra ser azul.
Chicago en invierno recibe más rayos de sol que Lima en todo un año y su cielo solo envidia al arequipeno por la falta de estrellas. Pero los 11 grados de hoy me supieron a anuncio de primavera. Y solo el mar es capaz de superar a un anuncio de primavera.
Estoy a punto de escapar ilesa de un invierno inesperadamente piadoso : Dos días con sensación de menos 17, mucha menos nieve de la que mis ojos de provinciana-recién-llegada habrían querido ver, una patinada sobre hielo con cuatro caídas y la lástima de un chibolo de 7 años, tres días de cachetes serranos brillantes y partidos por el frío, dos kilos de chocolate caliente cortesía de España, amaneceres de 11 de la manana cinco días a la semana, clases con muchos casos y poca motivación, reclutamiento con estrés y sin sentido, presupuesto de chavo del ocho, locura moderada, poca dedicación y harta nostalgia.
Estoy a punto de escapar del invierno, pienso ingenua. Todavía falta como un mes. Pero eso no importa, porque hoy Chicago me supo a primavera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario