miércoles, 16 de noviembre de 2011

Sin necesidad de alivio

Las semanas se han vuelto días y los meses ni los ví pasar. Es Noviembre 16, casi 17, y se me hace irreal estar a miles de kms de Lima, viviendo en un piso 24 y soportando vientos helados que te parten la cara, pero no la voluntad.

Soy estudiante otra vez. Me encanta. Debo ser una de las pocas personas en un MBA que disfruta no tener carro, vivir con el presupuesto ajustado, limpiar la casa y cargar una mochila gigante para todas partes. De alguna manera las restricciones evidentes me dan más grados de libertad que las asolapadas.

Mis semanas ahora solo tienen tres días útiles, lo que paradójicamente no hace que los fines de semana sean más largos, sino que simplemente no existan. Admito que vivo más cansada que cuando trabajaba 70 horas a la semana, pero el cansancio voluntario se disfruta y se quita fácil con una chela cuando uno puede entrar a un bar a las siete de la noche en zapatillas y solo preocuparse de pasarla bien.

Otra vez soy dueña de mi tiempo y, sin intentarlo, recuperé las ganas, la risa y el asombro. Sólo ayer me ví caminando sobre las hojas de colores hacia la estación del tren y me di cuenta de que la vida se sentía nueva otra vez, que los días dejaron de ser espera y se convirtieron en promesa. Debe ser por eso que ni mi mochila, que es potencialmente más grande que yo, se siente pesada.

Por primera vez puedo decir con orgullo que soy capaz de cocinar y que es más rico cocinar rico que comer rico. Es posible que esto sea puramente un sesgo de percepción generado por la necesidad desesperada de evitar las pizzas Chicago Style (entiéndase una torta de pizza). Tristemente esa hipotesis solo podrá ser comprobada cuando vuelva a Perú, el paraiso culinario del mundo, donde subiré voluntariamente y con gusto cinco kilos en diez días este Diciembre.

Ahora que Lima está cerca me doy cuenta de cuánto la extraño, pero también de cuánto disfruto haber huído de su caos, su indiferencia, sus calles peligrosas y, principalmente, sus poses.

Escuchando Radiomar Plus y viendo la sonrisa más perfecta del mundo frente a mí, ideo este post inspirado en el reto de escribir sin tristeza.

Eh aquí el primer post desde Chicago, un post que escribo siendo abierta y absolutamente feliz.

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