viernes, 4 de julio de 2008

La música y yo

Fui un fracaso rotundo en la flauta, la guitarra y el clarinete.
Soy lamentable para el canto. Tan lamentable que, cuando canto de felicidad o conmovida por la sorpresa de una canción, nunca falta alguien que me pida silencio, atacando mi falta de oreja.
Con vergüenza (en este caso sinónimo de roche) admito que me encantaría poder cantar con una guitarra. Unos cuantos acordes y una voz melodiosa es todo lo que pido... que pena que en este caso sacarse la mierda estudiando no sea ni remotamente suficiente. Una vez más la vida probándome que muchas veces el esfuerzo no es suficiente.... talento, talento, habilidad, inteligencia, ánimo....¿en qué soy excepcional?

En fin, esta entrada es sobre música: Pese a estar harto negada para la música, es este tipo de arte inasible uno de los que más, sino el que más, me conmueve.

Cómo olvidar todas las noches que pasé con Silvio cantando a todo pulmón con solo el Edificio del Banco del Trabajo como testigo. Fascinada con cada nueva canción que podía conseguir, esperando la noche para ir a mi cita de puchos, café, libros y Silvio... Silvio ayudándome a ser feliz, facilitando el disfrute de mi soledad. Cuando al fin le vi la cara a cuatro filas de distancia y grité como muchos otros "!Gracias!", fue en serio, muy en serio: Gracias, fui feliz cuando soñaste con aviones, cuando me hablaste de la necedad de vivir sin tener precio, cuando tu voz acariciaba y excitaba mi cerebro.
Nunca antes la música había logrado en mí lo que Silvio logró en el 99: maravillarme, ponerme la piel de gallina, hacer que mi pulso se vuelva irregular.

Luego, una vez abierta esta puerta vinieron otros. Conocí a Mercedes en un concierto al que fui por Pablo. Ese día decidí que era una de las mujeres más hermosas que había visto, que sus arrugas y ángulos tenían una belleza horrenda, y que claro, Pablo no era nada a su lado (sin dejar de ser muy bueno). De qué manera esta mujer cautivó mi atención con la fuerza de su voz, con su expresión, su presencia.

Años más tarde y a regañadientes acepté a Sabina. Al principio solo unas pocas canciones. Era demasiado raro, aguardientoso, pícaro… Hoy, otros tantos años después, se ha convertido en uno de mis favoritos, justamente por la picardía y coquetería que Silvio se niega a tener (o mostrar). Me encanta que se vaya por los tejados como un gato sin dueño, que ya no tenga edad, que le sobren seis tequilas.

En el camino hubo varios otros, buenos, no llegan a ser merecedores de una mención en esta corta entrada, pero algunos están incluidos en la lista de música que pude armar aprendiendo a usar la tecnología. La lista no incluye necesariamente mis canciones favoritas (porque no estaban disponibles), pero sí muchas de las que realmente me gustan.

La más reciente adición a mi muy pequeña colección de cantantes favoritos (estamos hablando de un total de cuatro en diez años) es, contra todo pronóstico, una británica que descubrí viendo televisión: Amy, con esa voz haces que una vida cercana a lo miserable no suene tan mal, a veces hasta atracativa. Me la creo.

En resumidas cuentas, ese es el meollo del asunto para los comunes mortales que no sabemos nada de música, no?: Si me conmueve (por la razón que sea), me gusta. Así de simple, así de vulgar, así de inmanente.