martes, 16 de octubre de 2012

El recién llegado

El cielo llora con rabieta mientras el tipo mira al vacío. La espalda recta, las manos entrelazadas, la expresión inadmisible. No se quién es, qué hace ahí afuera, ni por qué no le importa mojarse.

Me dicen que vino a ayudar con algo en la mañana, pero yo no me atrevo a hacerlo entrar. Llueve y mi desconfianza puede más que mi compasión. Además a él parece no importarle.

Volteo a mirarlo de vez en cuando. Me siento culpable, pero mi flojera puede más que mi culpa. No entiendo adonde mira ni por qué es tan sereno. Su calma en medio de esa tormenta me da una suerte de envidia que no me quiero admitir.

----------

Muchas gracias y disculpe. Qué pena molestar. Muchas gracias, Dios se lo pague. Es que no tengo como movilizarme. La ciudad es muy grande y yo solo tengo unos días. Espero no sea mucha molestia. Mi nombre es Jesús. Muchas gracias señorita.

Llevo a Jesús a su casa. El camino demora más de una hora y él se disculpa unas veinte veces más. Si supieras que te vi sentado en la lluvia y no me moví, no te estarías disculpando, Jesús. Mejor nos callamos todos y nadie se siente mal.

Jesús no tiene ganas de callarse. Es más, no puede parar de hablar. Su energía es templada y sus ojos claros y cansados son idealistas. Como una forma de disculparse una vez más, quiere explicarme por qué no sabe cómo transportarse en esta ciudad. Lo dejo hablar. No sé como sintonizar una buena radio en esta ciudad.

Me dice que llegó de Cuba hace 23 días y sonríe. Es oficialmente un refugiado político. En Cuba era guajiro y barman profesional. Era también un ex presidiario torturado y un balsero fracasado. Era además, y por sobre todo, el padre de un niño y el único hijo de alguna mujer.

Las palabras de Jesús estallan mi curiosidad. Quiero saber más, quiero saberlo todo. ¿Por qué estuviste preso?, ¿Durante cuánto tiempo?, ¿Por qué viniste? Además, tengo muchas otras preguntas que no me atrevo a pronunciar. ¿Cómo se siente trabajar 16 horas al día?, ¿Qué hacías cuando estabas preso?, ¿Qué se siente dejar a toda tu familia atrás? ¿Por qué insistías en ser un opositor político?

Jesús responde a todas mis preguntas sin miedo, sin vergüenza, con convicción, con orgullo. Responde también las que no le quiero hacer.

Su padre fue un militar que peleó en la revolución, pero lo mataron cuando se opuso al comunismo. Nunca conocí a mi padre, pero el murió defendiendo sus creencias. ¿Usted sabe el orgullo que me genera a mi eso? Su hijo tiene cuatro años y es la única razón por la decidió dejar su país y lanzarse en una balsa al mar más de once veces. ¿Usted se imagina lo que es tener un niño que es su adoración y pese a trabajar todo el día, no poder ni comprarle un par de zapatos? ¿No poder darle de comer un pedazo de carne?
La verdad que no me imagino, Jesús, nada de lo que me dices, no tengo la capacidad. Pero me duele en el alma escucharlo.

Este es un país bendito, usted no se imagina qué bendito es. Continúa Jesús. Desde el primer día que llegué tengo un trabajo. Usted no sabe lo afortunado que soy, todo lo que tengo. Jesús vive en un motel y sus activos son un celular prepago y una foto de su hijo.

No Jesús, pienso, soy yo la que no sabe lo afortunada que es. Siempre me olvido. Gracias por la inspiración. Gracias por dejarme llevarte a tu casa en un motel este día de absolutos egoísmo y autocomplacencia.

Desde el fondo de mi alma, Jesús, te deseo sinceramente todo lo mejor que la vida te pueda dar.

viernes, 3 de agosto de 2012

Nueve años, siete meses y doce días

Cuando lo conocí, ya tenía varias cicatrices de guerra. Sin embargo, el trauma de las heridas pasadas no pudo más que mis ganas de enamorarme de él. En ese tiempo, a veces muy lejano y a veces tan reciente, mi juventud y mis ansias de vida habían predominado sobre el miedo siempre y cada vez.

No recuerdo con claridad si primero me gustó la luz que irradiaba su sonrisa sincera o si fueron sus intentos inconscientes de protegerme del mundo, pero tengo la certeza de que fue desde el día en que hablamos por horas, que supe que quería tenerlo cerca de mí. Luego de unas semanas de tratar de ser amigos, me encontré disfrutando de su compañía más que la de nadie. No puedo decir precisamente cuando, pero fue durante alguna conversación de necios idealistas que resolví enamorarme de él sin miedo y sin control. Al mismo tiempo, el eligió quererme con su corazón grande y bueno.

A través del tiempo, él, lleno de paciencia y amor, combatió y mitigó de a pocos mi locura indómita y altanera. Yo, con menos paciencia pero buena intención, contribuí a aliviar su procrastinación. Nos hicimos bien y crecimos juntos. Y cada año que paso, aprendimos a querernos mejor.

Yo no podía esperar para verlo cada día. Me fascinaban su alegría, su inteligencia, sus sueños y su amor. Con los años, vi como los golpes de la vida lo hicieron más sabio y más fuerte y aprendí que el amor también se alimentaba de admiración. Su capacidad de ser feliz pese y gracias a todo escapaba a mi entendimiento, pero me inspiraba a ser mejor e inhibía mis miedos de vidas, muertes e incertidumbres.

Él me decía que le gustaba mi alma (de) vieja y la vena que se me dibujaba en la frente cada vez que me reía con ganas. Además, estoy segura de que en el fondo le gustaba también la locura que siempre quiso controlar, pues era la culpable de que lo amara como nunca se imaginó.

Fue en algún momento en medio de ese tiempo que me di cuenta de que lo querría para siempre. No sé cuando, pero él decidió quedarse conmigo también.

Hoy, hace nueve años, siete meses y doce días nos dijimos por primera vez que nos habíamos elegido. Hoy, hace once meses y veintinueve días se lo dijimos a algún burócrata de Miraflores también. Sin embargo, fue mucho, mucho tiempo antes, que lo conocí en un sueño y desde entonces lo esperé.

...

Una vez escuché que el cielo estaba lleno de las cosas que más nos gustan. Gracias por el cielo, Aparicio.


viernes, 25 de mayo de 2012

El potencial de parir y mi visión normativa del mundo

Que difícil ser mujer cuando envejeces y las ilusiones de igualdad se desvanecen.

Que injusto querer ser humano, mientras el resto del mundo te mira sólo como una máquina de hacer nuevos humanos.

Que cagado tener potencial irrestricto y enfrentar barreras que matan no solo el potencial, sino las ganas.

Que triste es cuando mueren las ganas...

Que rico es superar la niebla, la mierda y los bajones para recordar la capacidad ilimitada de trascender muchísimo más allá de los ovarios.

Mundo, mi único, exclusivo y reservado rol en la vida es ser feliz.

Gracias por tu comprensión.

sábado, 17 de marzo de 2012

Reflexiones insomnes: regalos inesperados

Son las seis de la mañana y un dolor de rodillas me recuerda que llevo casi 48 horas sin dormir. Este vuelo Chicago-Miami con asientos no reclinables no ayuda. Además, cada vez que cierro los ojos, veo cálculos de valor presente y árboles de decisión. Parece que la semana de finales me jodió el cerebro mas de lo que lo enriqueció.

Para distraerme y dejar de pensar en el value added y los conflictos de agente, trato de escuchar algo de música de avión. La primera canción: una mezcla andino electrónica que me traslada a mis épocas universitarias de menús de tres lucas. No se si los olores o la música funcionan mejor para evocar recuerdos.

Hace como nueve años, cuando aún era una entusiasmadísima estudiante de economía, el presupuesto diario solo me permitía una cajetilla de Malboro y un menú de menos de cinco soles. Es por eso que el día que  el "Chifa vegetariano" abrió sus puertas frente a la universidad, de inmediato conquistó mi monedero de Garfield. Incluía sopa y segundo por el módico precio de tres soles. Me volví una asidua concurrente del lugar.

Fue por uno de esos días que, mientras almorzaba con unos amigos, me sorprendió una melodía casi celestial, muy diferente de la música con la que el dueño del chifa me torturaba usualmente. Esta melodía fluía a través del espacio y la materia, te acariciaba el cerebro y te daba ganas de ser un poco mas feliz.

No pude ocultarlo. Poca música me conmueve. Por diez minutos traté de explicarle a mis acompañantes lo increíble que se siente que una melodía te tome por sorpresa. Sin embargo, mi absoluta falta de conocimiento musical llevó a que me diera por vencida. Decidí preguntarle a mi amigo, el dueño del chifa, de qué disco se trataba. 

No fue fácil. Él hablaba muy poco español y yo no hablaba nada de chino. Luego de tratar de venderme galletas de yogur, barras de granola y darme la cuenta, finalmente entendió la pregunta y me señaló a un tipo que estaba sentado en una mesa al lado de la mía. El disco era de él. En ese punto mi completa falta de ganas de hablarle a un desconocido pudo más que mi interés y decidí abandonar el tema.  

Regresé a mi mesa y me reintegré a la conversación de turno. Pocos minutos después, el supuesto dueño del disco se paró de su mesa y se acercó a la mía con un disco en la mano. Ah! pensé, es un vendedor de discos. Con una sonrisa fingida y amable, le respondí: gracias, no tengo plata en ese momento. Con una sonrisa honesta y dulce, el me volvió a acercar el disco: Es para tí. Perpleja y sin saber que hacer, estiré la mano y tomé el disco. El tipo volvió a sonreír, me tocó la cabeza y se fue. 

Todos en la mesa se quedaron callados. Por qué diablos un vendedor de discos que nadie conoce me regalaría un disco? La respuesta se dio fácil en la foto en la carátula. El acusado de vendedor era en realidad el autor, interprete y compositor. 

Parece que esa tarde de universidad le di un regalo inesperado y sin intención a quien decidió, a cambio, darme un regalo inesperado y sin intención. Una de esas raras y ricas coincidencias, que te hacen sonreír a 10 mil metros de altura luego de dos días sin dormir.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Esperando abril

Chicago llegó hoy a 11 grados. Se sintió como una Lima de mediados de setiembre, cuando los rayos de sol se escapan un ratito entre las copas de los árboles y la ciudad deja de ser de blanco y negro. Y el corazón (de los arequipenos ) se alegra por un cielo que casi logra ser azul.

Chicago en invierno recibe más rayos de sol que Lima en todo un año y su cielo solo envidia al arequipeno por la falta de estrellas. Pero los 11 grados de hoy me supieron a anuncio de primavera. Y solo el mar es capaz de superar a un anuncio de primavera.

Estoy a punto de escapar ilesa de un invierno  inesperadamente piadoso : Dos días con sensación de menos 17, mucha menos nieve de la que mis ojos de provinciana-recién-llegada habrían querido ver, una patinada sobre hielo con cuatro caídas y la lástima de un chibolo de 7 años, tres días de cachetes serranos brillantes y partidos por el frío, dos kilos de chocolate caliente cortesía de España, amaneceres de 11 de la manana cinco días a la semana, clases con muchos casos y poca motivación, reclutamiento con estrés y sin sentido,  presupuesto de chavo del ocho, locura moderada, poca dedicación y harta nostalgia.

Estoy a punto de escapar del invierno, pienso ingenua. Todavía falta como un mes. Pero eso no importa, porque hoy Chicago me supo a primavera.