miércoles, 16 de febrero de 2011

Cuando pienso en pronombres

Cuando pienso en ustedes, vacilo entre descubrirme y confundirme un poco más. Hoy creí descifrar por qué se enamoraron y pensé que los entendía. Ayer les recriminé otra vez por mis ganas de un Marlboro más. Los extraño solo cuando me esfuerzo, pero me gusta cuando se meten en mis sueños para que no me olvide de quien soy (que me pasa a veces). Cuando se fueron, tuve que construir(me) sobre lo que dejaron, y sí, fue suficiente, pero sin duda hubiera preferido preguntas a ejercicios de metafísica. Que el tiempo lo cura todo, es solo una verdad a medias.

Cuando pienso en ti sonrió de inmediato. Y es que los hoyos, perfectamente simétricos, que se te forman en los cachetes cuando me miras, se volvieron hace años mi droga irremplazable. Ademas, con la certeza de sonar insoportablemente cursi declaro que te extraño hasta cuando te tengo al lado y que, después de algunos años, me he dado cuenta de que no importa cuánto te mire, nunca puedo tener suficiente de ti. Me gustas cuando caminas, cuando hablas, cuando bostezas, cuando duermes, cuando besas, cuando me miras y cuando neceas (que no es poco). Te conocí en un sueño hace muchos años y el día que de verdad te conocí, te convertí en mi sueño de nuevos años por venir.

Cuando pienso en ella tengo ganas de escapar. Pienso en ella y de inmediato, por contraste o por consuelo, sueño con libertad. Fantaseo con el sol del verano y con la niebla de inverno que hacen lo que quieren afuera de sus ventanas selladas y sus interiores climatizados. Pienso en mil y dos maneras de ocupar mi tiempo lejos, muy lejos de ella. Mientras tanto, lo que queda de economista en mi cerebro se obsesiona con el costo de oportunidad de estar sentada en una de sus sillas anato/ergonómica que me matan la espalda por algo mas de ocho horas cada día. Trato de no pensar en ella.

Cuando pienso en ellas, pienso en la parte de mí que perdí. Aún recuerdo nítidamente esas conversaciones que deben haber sumado unos cinco años todas juntas, las risas que reventaban y se convertían en dolor de panza de tanto no querer parar, los sueños compartidos y a veces copiados, los corazones rotos y remendados, los consejos que salieron desde el alma, las preguntas retóricas y las repetidas, los secretos guardados y los chismeados. Me pregunto dónde quedaron las ganas de verse siempre y los encuentros sin previa cita y sin tema que tratar. Cuándo fue que crecimos o cuando se nos escapó la amistad?

Cuando pienso en ellos recuerdo mis sueños de adolescente sin cumplir. Me enternezco al recordar sus caras partidas por el frío, sus sonrisas sinceras y casutas, sus ganas de ser mejor y su determinación de ser felices gracias y pese a todo. Me avergüenzo al recordar mis promesas de ayuda y cambio, llenas de energía, convicción y juventud, que quedaron en el aire. Pienso en ellos y me veo sentada en esa oficina donde solo lucho contra mi pobreza y mi ego. Lejanas siento ya esas, mis ganas incansables de hacer una diferencia, de trascender a una vida muy normal. Por ahora, diré que recuerdo mis sueños de adolescente AUN sin cumplir.

Cuando pienso en él, que es casi en lo que más pienso, tengo ganas de llorar. Lo extraño como loca pero no se lo digo en su cara. Estoy molesta con él siempre por todo y ya por nada. A estas alturas y a esta distancia, qué sentido tiene estar molesta con él? Estoy molesta conmigo por lo que no dije y lo que no hice. A sus años y a los míos, qué sentido tiene ya recriminarme por él? Pienso en él y lo veo en una foto con su nuevo look de “hectorlavoe”. Extraño su paciencia, su amor sin críticas, su docilidad y su incondicionalidad. Extraño tocar su pelo, igual al mío, y los intentos de barba que le vi crecer una y otra vez. Siento una nostalgia, que parece ya antigua, de su compañía callada pero permanente, de sus chocolates calientes perfectamente espesos (para mí), y de sus fetuchinis siempre al dente y siempre con mantequilla (para él). Me pregunto si me quiere todavía o si por no vernos el amor se le acabó. Me pregunto si me extraña o si solo está aliviado de mí. Cuando pienso en él, que es siempre, mastico el aire para no llorar.

Cuando pienso en nosotros me doy cuenta que por mucho que trate, no nos podré comprender ni aprehender jamás. Sin embargo, como soy necia, chola y terca (en suma y no en sobreposición) insistiré hasta que me canse o me muera, lo que pase primero.

Cuando pienso en mi, creo que debo andar un poco loca. Soy completamente disconforme. Prefiero complicar en vez de simplificar. Disfruto de la soledad un poco más que de la compañía. Soy un poco (?) neurótica. Amo con demasiada intensidad y muy poca frecuencia. (Casi) todo lo tengo que sufrir antes de internalizar. Pienso en mi y me doy cuenta que nada de esto ya me jode. Sí. Pienso en mi, y confirmo que soy feliz.

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