El cielo llora con rabieta mientras el tipo mira al vacío. La espalda recta, las manos entrelazadas, la expresión inadmisible. No se quién es, qué hace ahí afuera, ni por qué no le importa mojarse.
Me dicen que vino a ayudar con algo en la mañana, pero yo no me atrevo a hacerlo entrar. Llueve y mi desconfianza puede más que mi compasión. Además a él parece no importarle.
Volteo a mirarlo de vez en cuando. Me siento culpable, pero mi flojera puede más que mi culpa. No entiendo adonde mira ni por qué es tan sereno. Su calma en medio de esa tormenta me da una suerte de envidia que no me quiero admitir.
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Muchas gracias y disculpe. Qué pena molestar. Muchas gracias, Dios se lo pague. Es que no tengo como movilizarme. La ciudad es muy grande y yo solo tengo unos días. Espero no sea mucha molestia. Mi nombre es Jesús. Muchas gracias señorita.
Llevo a Jesús a su casa. El camino demora más de una hora y él se disculpa unas veinte veces más. Si supieras que te vi sentado en la lluvia y no me moví, no te estarías disculpando, Jesús. Mejor nos callamos todos y nadie se siente mal.
Jesús no tiene ganas de callarse. Es más, no puede parar de hablar. Su energía es templada y sus ojos claros y cansados son idealistas. Como una forma de disculparse una vez más, quiere explicarme por qué no sabe cómo transportarse en esta ciudad. Lo dejo hablar. No sé como sintonizar una buena radio en esta ciudad.
Me dice que llegó de Cuba hace 23 días y sonríe. Es oficialmente un refugiado político. En Cuba era guajiro y barman profesional. Era también un ex presidiario torturado y un balsero fracasado. Era además, y por sobre todo, el padre de un niño y el único hijo de alguna mujer.
Las palabras de Jesús estallan mi curiosidad. Quiero saber más, quiero saberlo todo. ¿Por qué estuviste preso?, ¿Durante cuánto tiempo?, ¿Por qué viniste? Además, tengo muchas otras preguntas que no me atrevo a pronunciar. ¿Cómo se siente trabajar 16 horas al día?, ¿Qué hacías cuando estabas preso?, ¿Qué se siente dejar a toda tu familia atrás? ¿Por qué insistías en ser un opositor político?
Jesús responde a todas mis preguntas sin miedo, sin vergüenza, con convicción, con orgullo. Responde también las que no le quiero hacer.
Su padre fue un militar que peleó en la revolución, pero lo mataron cuando se opuso al comunismo. Nunca conocí a mi padre, pero el murió defendiendo sus creencias. ¿Usted sabe el orgullo que me genera a mi eso? Su hijo tiene cuatro años y es la única razón por la decidió dejar su país y lanzarse en una balsa al mar más de once veces. ¿Usted se imagina lo que es tener un niño que es su adoración y pese a trabajar todo el día, no poder ni comprarle un par de zapatos? ¿No poder darle de comer un pedazo de carne?
La verdad que no me imagino, Jesús, nada de lo que me dices, no tengo la capacidad. Pero me duele en el alma escucharlo.
Este es un país bendito, usted no se imagina qué bendito es. Continúa Jesús. Desde el primer día que llegué tengo un trabajo. Usted no sabe lo afortunado que soy, todo lo que tengo. Jesús vive en un motel y sus activos son un celular prepago y una foto de su hijo.
No Jesús, pienso, soy yo la que no sabe lo afortunada que es. Siempre me olvido. Gracias por la inspiración. Gracias por dejarme llevarte a tu casa en un motel este día de absolutos egoísmo y autocomplacencia.
Desde el fondo de mi alma, Jesús, te deseo sinceramente todo lo mejor que la vida te pueda dar.