Cristobal,
Tú elegiste el día en que naciste, presagiando la forma en que, de a pocos, eligirás la vida que quieres tener.
Primero llegaste a mi mente,
luego a mi anhelo y
después, anduviste muchos muchos días dentro de mi panza,
Dictandome qué comer, caminando conmigo, descubirendo lugares, ideando planes
Cristobal,
Para cuando me leas, sepas
Que cuando me miras, no se si tratando de reconocerme o intentando afirmarte, me siento la persona más afortunada de la tierra
Que cuando intentas hablarme, ya sea con un ay, un gui, un agu, un ga, o soplando saliva, te entiendo perfecto, sé lo que dices y creo que pienso igual que tú
Que cuando sonries, con esas encias sin dientes, con ese hoyito perfecto, con esos ojos de pestañas inacabables, creo que podría morir ahí mismo, de tanta felicidad
Y que cuando lloras, y veo una lágrima rodar por tus cachetes suavecitos, creo que podría morir ahí mismo, de puro dolor
Cristobal,
Eres tan frágil y a la vez ya tan fuerte
Tan exigente y a la vez tan empático
Tan ávido y a la vez tan paciente...
Eres mi dicha,
Cristobal.
Y cómo te dije en algún alboroto hormonal,
Te deseo que diseñes una vida, al menos tan buena, como la que eligió mamá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario