domingo, 6 de marzo de 2011

Paulino

1
Paulino se levanta antes que el sol. Hace unos años que se ha acostumbrado a abrir los ojos cuando aun es de noche y ya hoy no le jode. De domingo a domingo, de lunes a lunes, de martes a martes, se despierta con el sonido de gorriones, se lava la cara, se seca una tasa de “quaker” y se va a trabajar. Muy atrás han quedado sus poco años de juventud, ese tiempo cuando no había responsabilidades ni futuros, cuando fue libre. La vida de adolescente no le quiso durar mucho y era ahora un recuerdo muy lejano y borroso. Tuvo que mudarse, tuvo que estar solo, tuvo que trabajar, tuvo que llorar, tuvo que humillarse, tuvo que tener miedo, tuvo que bajar la mirada...hasta que tuvo que decidir: tenía que empezar a ser un hombre. Y un hombre no llora ni se queja. Los hombres concretan, proveen y aguantan. Sí, el se volvió un hombre hace tres años y dentro de dos semanas cumpliría 18. Estaba orgulloso. Y si su tata lo pudiera ver, seguro también estaría orgulloso de él.

2
El viaje en el micro hacia el mercado siempre es largo y aburrido. Felizmente su MP3 todavía suena, piensa Paulino. El MP3 se lo regaló Fermín en Navidad hace más de dos años y Paulino nunca le cambió la música, porque siempre creyó que era parte del regalo también. Nadie le había regalado nada hasta que llegó Fermín con un sobre hecho de papel que decía “Feliz Cumpleaños” en Diciembre, cuando no era su cumpleaños. Esa Navidad le enseñaron que se comía pavo y se tomaba chocolate caliente aunque hiciera calor. Sonríe Paulino. Extrañaba a Fermín y a las niñas. Cómo lo habían querido tanto sin conocerlo! Cómo los había querido tanto él! Se acordarían todavía de él? Seguramente esta Navidad los podía visitar. Esta sí.

3.
Paulino llega al mercado a las seis de la mañana sin saber bien que día es. Todos los días se ven iguales en Lima y el invierno es duro y de un solo color, Lima es de un solo color. Hace un frío que se te mete a los huesos sin importar cuanto te abrigues y el cielo siempre está obscuro, medio plomo, como las ratas que caminan y vuelan por toda la ciudad. Nada parecido a su pueblo. Mientras camina hacia su puesto de mercado se da cuenta de que algo ha cambiado. No hay nadie en los otros puestos, todo está cerrado, no hay movimiento, no hay gente. Pasa por el puesto de Angelita, la de los jugos. No hay nadie. Busca con la mirada el puesto de Norma, su prima. Nadie. Sigue caminando y llega a su propio puesto cuando escucha una voz que grita. Decide seguir la voz y sigue caminando. Llega al otro lado del mercado, donde se cuadran los camiones a descargar y se da cuenta de que hoy no hay camiones, solo hay gente. Todo el mercado está reunido ahí y Maicol, el presidente de la asociación, está hablando con un megáfono: Hoy viene la Municipalidad. Los quieren desalojar. Dicen que el mercado no es de ellos, que la tierra no es de ellos y que se tienen que ir. Paulino busca con la mirada a Angelita y la encuentra: está llorando, pero con rabia.

4.
Cómo van a decir que el mercado no es de nosotros? Si trabajamos acá hace dos años, de sol a sol, todos los días hemos venido a vender acá. Hemos construido todo donde había solo tierra y basura. Acaso la tierra no es de quien la trabaja? Así no era en el pueblo? De quien va a ser sino, si no había nadie acá ni nadie se ha quejado antes? Le grita confundido Paulino a Norma, mientras ella empaqueta sus cosas para mandarlas a la casa en un taxi y luego rompe una mesa para tener algunos palos de madera.

5.
A las nueve de la noche me llama el abuelo de las niñas. Necesita un favor. Me acordaba yo de Paulino? No. No importa, necesita que lo vaya a ver mañana, que le lleve algo de plata, que está en un hospital, ha tenido un accidente.

Quien es Paulino? Trato de recordar. Por la tienda pasaron más de una docena de ayudantes y yo nunca estaba en la tienda. Cómo es su cara? Soy de lo peor por no acordarme... Pero… si ni siquiera sé quién es, porque diablos tengo que ir hasta un hospital que queda en el fin del mundo? Acaso no hay alguien más que lo pueda ir a ver, no tiene familia?, Acaso no saben que tengo cosas mucho más importantes que hacer? Estudio economía y mañana tengo una práctica. Qué falta de consideración quererme mandar a un tal “Bravo Chico” a llevarle plata a alguien de quien ni me acuerdo.

6.
Es la una de la tarde y me he demorado casi dos horas en llegar a este hospital. He pasado por distritos que no sabía que existían y he confirmado una vez más que Lima es genuinamente horrible y tenebrosa cuando quiere serlo. Me da miedo bajar de la combi. El hospital parece más bien un cementerio gigante de color verde gastado. Es horrendo y la gente que sale y entra de él se ve peor aún. Debe tener doscientos años, pienso. Me doy cuenta que a estas alturas ya no tiene sentido regresar sin entrar, así que tomo valor y grito que me bajo en la esquina.

El hospital tiene tierra donde debe haber pasto, tiene pisos con cuadrados gigantes y todo huele mal. Me dicen que Paulino esta en el pabellón de traumatología, que siga de frente nomás. Llego al pabellón y trato de no mirar. Debe haber unas 50 camas y toda la gente tiene vendas o yesos de algún tipo. Todos se ven mal. No quiero ver sangre, no quiero mirar. Las caras son tristes y adoloridas. No quiero mirar, pero tengo que hacerlo para buscar al tal Paulino, alguna cara que me resulte familiar… Camino hasta la mitad del pabellón y lo reconozco. Claro! El era Paulino!, sí, sí, era buena gente. Sonríe al verme. Me había visto desde que entré. Está solo en su cama y tiene una venda gigante en el brazo y algunas heridas en la cara.

7.
Hola Paulino! Te acuerdas de mí? Seguro no mucho. Me llamó mi tío, me dijo que tuviste un accidente. Paulino no para de sonreír. Claro que me recuerda, soy “la señorita”. Sí, tuvo un accidente, pero después hablaríamos de eso. Paulino quiere saber cómo está mi tío, como están las niñas, como está Fermín, desde cuando estoy en Lima. Yo no puedo evitar ver la venda de su brazo, tiene sangre y sobresalen solo tres dedos. Paro sus preguntas en seco. Todos están bien Paulino, pero qué te ha pasado? Cómo te sientes? Él me cuenta del mercado, de cómo les dijeron invasores, de cómo los trataron de desalojar y ellos se defendieron, de cómo de casualidad le cayó una bomba lacrimógena que le reventó en la mano, de cómo había perdido dos dedos luchando por su puesto de mercado, de cómo se sentía tan feliz de que hubiera venido a verlo, de cómo quería volver a la tienda esta Navidad. Lo detengo una vez más. Paulino: lo que te ha pasado es grave. Dime que necesitas! Dime qué puedo hacer por ti! (déjame salvarte Paulino por favor, a ver si se me pasa el remordimiento de no haber querido venir a verte), cuánta plata necesitas?, tenemos que buscar un médico fuera de este hospital que te pueda reconstruir la mano! (lo voy a pagar yo misma si es necesario, así me quede sin plata por el resto del año). Paulino me mira con su cara de ángel. Parece no importarle nada de lo que digo. Él no necesita mi ayuda y seguro se va a ofender si le vuelvo a mostrar los doscientos soles que tengo en la mano. Paulino no quiere plata, solo quiere una visita y conversar de mi familia. Paulino quiere saber si las niñas piensan en él, si han encontrado alguien bueno para que las cuide. Quiere saber si lo recibiremos en Navidad si es que logra viajar. Me quedo con él, conversando por media hora, al lado de su cama que huele a hospital del Minsa y junto a su sonrisa sincera y grande. Salgo del Bravo Chico con doscientos soles en el bolsillo y la certeza de que los ángeles en la tierra existen. Yo no pude ayudar a Paulino. Él me ayudó a mí.

8.
No volví a ver a Paulino nunca más. No recuerdo su nombre real ni sé lo que hace luego de que perdió su puesto del mercado y sus dos dedos. Espero que los años no le hayan quitado la inocencia, el amor y la sonrisa. Sé que a mí no me han quitado las ganas de recordar lo que es importante.

9.
Paulino fue un ángel que conocí.

1 comentario:

  1. Qué buen recuerdo Pia! Leanlo. Todos tenemos a alguien que visitar. Meli

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