miércoles, 10 de febrero de 2010

Martes (semi continuación de "Del mismo material"

Como desafortunada casualidad o gracias a la maldición que me persigue por cantar victoria antes de tiempo, luego de dos semanas de mi post de fumadora-que-no-quiero-ser, ayer me fumé medio pucho, año y medio después.

Debo decir con vergüenza que las dos primeras pitadas fueron el cielo: Sabor mezclado con respiración mezclada con lugar conocido que da calma. Desafortunadamente para ese pucho, las pitadas tres, cuatro y cinco fueron cada vez mas tortuosas, raspadoras de garganta y me impregnaron de un olor que hace tiempo decidí que no quiero tener. Lo apagué.

Me quedé mirando a mi ex cómplice con algo de asco y mucha nostalgia. La pena que tuve Ayer, no me la pudo calmar.

A Ayer lo veía venir desde hace casi una semana y el viernes el miedo en la panza me despertó dos horas antes de lo acostumbrado. Era claro que ayer llegaría en cualquier momento, lo malo es que no tenía idea de cuál sería la cara, esta vez, de mi temido Ayer.

Ayer llegó. Fue como un golpe, violento, doloroso y me quitó la respiración. Ayer, otra vez, no lo pude entender, solo lo sentí y pensé que si el dolor fuera físico, seguro me desmayaría (porque es de esos dolores que deberían tener como prerrequisito un dolor de parto, para que por la comparación, duelan menos).

Tengo años, al menos seis, tratando de entender por que el amor no es suficiente para curar viejas heridas y por que el castigo no forma, sino separa. Cada año que ha pasado ha contribuido a agudizar mi sensibilidad y así, hacer que cada golpe (de realidad) se haga más fuerte (dentro de mí), tanto que ayer llegué a recurrir a mi prestamista de último recurso.

Hoy, tengo que empezar a sanar y para mi infortunio, eso implica aceptar. He pasado años tratando de cambiar una realidad que no está en mis manos cambiar y entender algo que mi intelecto nunca podrá entender. Tengo que aceptar. No sé cómo hacerlo, pero tengo fe en que aprenderé. Aceptar de seguro ayudará a reducir la sensibilidad y eventualmente, el dolor?

Por ahora y como dije antes, solo me queda desear que el universo te cuide y desear con aún más fuerzas: que seas feliz.

Te quiero tanto que duele. Y no es una exageración.

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